jueves, 14 de abril de 2011

No me quieras tanto





Hay cosas que no se pueden explicar, y otras que se pueden entender pero no prometer. Él me lo dijo una vez, que el corazón era ese gran extraño; ni la mente ni el alma. ¿Que porqué? ¿Tú conoces algo capaz de seguir funcionando aunque esté roto en mil pedazos? ¿Conoces algo que sea capaz de sufrir por una persona? Yo creo que una persona enamorada es lo más peligroso que existe, y no te hablo ya sólo del amor de una pareja, si no del amor que profesa un padre por un hijo, o el amor de unos amigos. Cuando quieres a alguien de verdad, eres capaz de perdonarlo todo (hasta cierto límite), ¿o crees que una madre va a renegar de su hijo por haber actuado mal? Ese amor puro perdona, es el amor que todo el mundo debería de poseer; el amor que sabe que somos humanos y que erramos, el amor que nos permite barrer toda frontera y salvarnos y, a la vez, matarnos poco a poco.

Quien no sabe amar de esas tres maneras, no sabe lo que es estar enamorado de verdad."

martes, 29 de marzo de 2011

Y lo que nos hace sonreir




Un rayo de sol que se cuela entre tus mejillas, la mirada profunda de un niño pequeño que absorbe la tuya. La brisa que acaricia tus brazos anhelantes de libertad; una sonrisa cómplice de un desconocido por la calle. El sonido de las olas del mar encerradas en el interior melancólico de una caracola, el tacto de la arena cálida entre los pies.

El peso de su cuerpo sobre el tuyo, el calor que desprende por ti. El roce de sus dedos. Las felicitaciones de tus padres por tus logros, el reconocimiento del esfuerzo. Salir, ver el sol, respirar profundamente. Un gesto de cariño. Un beso en la mano. Escuchar las historias que tus abuelos siempre te han querido contar, abrazarles hasta que a ti te duela el propio corazón.

Que las arrugas que enmarquen tu rostro el día de mañana sean de las sonrisas que jamás te acobardaste de guardar.

domingo, 20 de marzo de 2011

Giramos.




"Es un bucle infinito y acabas por no querer darte cuenta de las cosas. El sexo es el consuelo de aquellos que no alcanzan el amor, el cemento que tapa tus agujeros más superficiales. Pero por dentro se sigue estando vacío; el placer momentáneo no dura más que los minutos que tardas en recobrar el aliento.


Ella es libre y teme el compromiso, y tú quieres atarla"

lunes, 7 de marzo de 2011

Vámonos


La habitación siempre había olido más a ti que a mi. Siempre que duermes intento retratarte, a grandes rasgos, lo más superflúo y a la vez profundo de aquel momento. No te dibujo a ti, no intento captar tu esencia, si no la magia del momento. Tú duermes, yo te dibujo. El lápiz se desliza casi solo por la superficie incauta del papel blanco; traza líneas que hasta yo desconocía e incluso parece que poco a poco, en cada remanso de carbón se desdibuja la línea de la realidad y la ficción, la del sueño y la vigilia y queda tan sólo la magia de saber lo que yo sólo sé: que tú, mientras duermes, no puedes alcanzar a comprender lo que vibra a tu alrededor. La lámpara que proyecta la luz sobre tus facciones, quizás armonizándolas más o mostrándome la verdadera realidad tuya. Luego, el colchón más duro de lo que tú y yo esperábamos. Tu rostro se hunde entre la almohada, tu pelo juega entre mis dedos que a su vez, juegan a acariciarle. Vamos a jugar a querernos, vamos a jugar a que todo esto es real. Que cada abrazo que me das cada noche es de amor, que en estos días no existe otra mujer más que yo, que esas miradas que me regalas son reales. Vamos a jugar a que vivimos en una burbuja, que nadie puede cruzarla, que no hay responsabilidades más que la de hacer la cama, desvestirnos y subir la persiana para ver si allá fuera es de día. Vamos a jugar a que cada mañana que nos despertemos seamos uno, a que yo sea lo primero que quieras ver cada día el resto de las mañanas de tu vida. Vamos a creernos que nadie puede entrar en la habitación, que de puertas para afuera todo podría seguir igual que dentro de nuestras mantas. Voy a decirte que me importas, como si fuera verdad. Y yo me creeré tu mirada cómplice.

Sé que la puerta acabará abriéndose. Que voy a tener que despertar, y quizás a mi me cueste despertar porque ahora, cada noche, no necesito soñar si sé que abriendo los ojos te tengo a unos escasos centímetros de mi cuerpo. Ya no quiero soñar si sé que mi realidad superará a mi mundo onírico; si sé que alzando un brazo ya puedo rodear tu cintura, oler el maldito perfume que siempre te rodea fuera de la habitación, en mi rutina.

Agradecer el hecho de dibujar tus ojos cerrados y tus párpados fríos es mera representación de lo cínico. No quiero saber lo que se hunde en tus ojos oscuros, quizás soy demasiado vulnerable y demasiado cobarde como para atreverme a autoconvencerme de nuevo de que la puerta se abrirá en unas horas, y ya no jugaremos a nada. El movimiento acompasado de su respiración me revela y me ha revelado siempre la verdad: la realidad es aquella. Mientras él duerme, yo lo dibujo. No estoy enamorada de él, ni de sus ojos, ni del peso de su cuerpo ni de su calor. Yo ya lo sabía, era el momento. Por eso no lo dibujaba a él, si no a la magia de aquellos días; la realidad efímera que me mostraba mi pequeño arte, el pequeño dibujo de su rostro plácido. Todo es un sueño. Y a mi me va a costar depertarme porque llevo demasiadas noches sin dormir por miedo a que todo aquello se desvaneciera si me atreviese a cerrar los ojos. Pero él ya estaba dormido cuando yo empecé a replantearme si jugar estaba bien, y por eso mismo cuando la puerta se abra él abrirá los ojos y me verá como soy. Se levantará, cojerá la maleta y cruzará el portón sin pensar siquiera en lo que había pasado momentos antes, sin pensar siquiera si aquel sueño podía haber sido real.

Y aún cuando hayas marchado, la habitación seguirá oliendo más a ti que a mi.

lunes, 21 de febrero de 2011

Resignación



Cuando abrió los ojos, la paz se esfumó. El ruido seguía allí, rodeándole, afixiándole. Roce de vajillas, vapor, choque de cubiertos contra el suelo; la máquina del café.
Dejó la taza medio vacía, abandonando así aquel peso de más. Parpadeos. Suspiros. La puerta se abría, entraba gente riendo y cerrando paraguas tras de sí, comentando lo banal del tiempo, del clima, de aquel frío. Una mañana lluviosa más, una mañana más en Madrid, rodeada de aceras sumisas y de nubes transeúntes.
Un leve click lo sacó de su ensoñación. Las 11:20. Y quizás ella llegaba tarde, como siempre. Y si no hubiera sido como siempre, si todo hubiera sido de otra manera quizás aquella mañana no hubiera sido cotidiana, y él no estaría observando el poso del café sobre aquella mesa de mantel manchado. En una cafetería más, perdida en el centro de una metrópolis. El sudor frío de su frente le hizo recordar que llevaba el pantalón empapado, pero no le importó. ¿Cómo podía importarle aquella lluvia? Si él reparaba en ella, los demás tan sólo veían impedimentos. Agua sucia, agua de industria que llevaba recuerdos de escombros y de guerras pasadas. Y luego el amor, el amor de olvidarlo todo. El amor que hace que olvides tu rutina, tu vida, los miedos que te invadían. Ese amor que a todo el mundo llega, que te hace desentenderte de los porqués, de tus principios, de tus creencias más aférrimas. Ese amor que sabes que te destruye poco a poco, ese amor que llega cuando la puerta de la cafetería se abre lentamente y entra ella, con el pelo mojado, y con esa sonrisa que sabes que es suya y por la que valdría mas la muerte que la propia vida.

martes, 15 de febrero de 2011

A dónde irás

Cuando se quiso dar cuenta, el tiempo ya había borrado sus pasos. No supo si alegrarse, si correr hacia el horizonte sonriendo para volver a casa o si llorar, por no haberse dado cuenta de que él había desaparecido para siempre y ella no se había dado cuenta. Ya se lo dijeron alguna vez, en algún momento y en algún lugar de esos que nunca se llegan a recordar en el momento preciso: "No hay nada que el tiempo no cure".

¿Se encontraba ante el precipicio o ante la barca liviana que la llevaría a la otra orilla? Si encuentra salidas, andará siempre en espiral.¿Como sería aprender a vivir ahora sin él, sin su losa pesada? Si todo llega a ser oscuridad alguna vez en la vida, ¿cómo aceptarían los ojos de nuevo la luz? ¿Cuánto llegaría a cerrarse la pupila para que el brillo no acabara con la propia razón?

Dolía más la ausencia que el mismo tiempo que él había estado en ella. Era una victoria amarga, el vacío habia dejado una huella silenciosa en su subsconsciente y eterna... dolorosa. ¿Cómo podía llegar a ser la ausencia de algo malo y negativo sinónimo de dolor? ¿Quién le diría ahora que corriera, que no se marchitase pensando en todo lo que un día dejó atrás?





Lo venció. La huella en la arena desapareció. El miedo. ¿Qué haria ahora sin él, sin miedo? ¿Qué haría si estuviera ante un gran precicipio? Sin el miedo que la había acompañado durante toda su vida, ¿se atrevería a saltar? ¿No tener miedo sería sinónimo de desinterés hacia todo, hacia la propia vida?



O sin embargo, ¿no tener miedo significaría abandonarlo todo por un ideal? ¿Por ti?

lunes, 24 de enero de 2011

Son tus ojos.

O quizás sea tu pecho cálido, tu leve respiración. Cuando apoyo la cabeza sobre tu pecho, y escucho tus latidos a la perfección, intento aminorar el paso rápido del mio. Intento tranquilizarme, pero la respiración se me agita, como queriendo desvelarte un secreto del que yo me avergüenzo.



Eres mi paz cuando reina el silencio. El simple hecho de que permanezcas a mi lado me da la total seguridad de que todo está bien, de que esos fantasmas que me oprimen la garganta cuando tu no estás no son más que invenciones del tiempo que perdimos pensando en el que dirán.